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jueves, 7 de julio de 2011

¿Por qué gritamos?

Un día un niño preguntó a su abuelo, que era una persona muy sabia, lo siguiente:

¿Por qué las personas se gritan cuando están enojadas?

El abuelo se tomo un tiempo para pensar y le respondió:

-Porque perdemos la calma, por eso gritamos.

-Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? preguntó el niño;
¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?.

El abuelo le dió algunas respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al niño.

Finalmente el niño explicó:

-Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

Luego el niño volvió a preguntar:

-¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente... ¿Por qué? Porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.

El abuelo continuó:
-Cuando se enamoran aún más ¿qué sucede?
No hablan, sólo susurran y se acercan más en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo.

Así es ¡cuánto mas cerca están dos personas más se aman!

Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.

lunes, 23 de mayo de 2011

El sonido de la vida

Estoy en Buenos Aires y decido tomarme unos minutos para pensar, tranquilo, sin nada que me apure, salgo a caminar por un sendero arbolado y mientras lo recorro, escucho el crujir de hojas y ramas bajo mis pies.
Ya se sienten los primeros fríos, el viento no solo trae la fresca brisa, sino también el aroma de eucaliptus y el sonido del viento, ese sonido tan particular que hace que el frío sea más intenso.
Pienso en todos lo sonidos, que poco a poco me van invadiendo, los voy reconociendo uno a uno sin dejar que alguno en particular, me desconecte de los otros…

¿Han percibido que nuestra vida está rodeada de sonidos?.

Al igual que en una película, nuestra vida tiene su propia banda sonora.
Tal vez muchos no puedan reconocer el sonido que acompaña su vida porque con el tiempo, se han acostumbrado a oírlo, se encuentran en transparencia con él.

Es así que podemos sentir el aroma de una flor, deleitarnos con una comida, caminar descalzos sobre la arena a la orilla del mar, percibir el olor de la tierra húmeda cuando se inicia la tormenta, contemplar un amanecer o la puesta del sol y no percibir los sonidos a nuestro alrededor.

El diario trajín, nuestros propios pensamientos, las conversaciones que mantenemos, en silencio o no, con nosotros mismos, nos van aislando de nuestro entorno.
¿Para qué esperar que el volumen sea molesto o insoportable para tenerlo en cuenta?
¿Para qué los seres humanos prestamos mayor atención a los gritos, a las explosiones, a lo molesto, a lo estridente en lugar de estar más atentos a un suspiro, un arrullo, una apacible conversación, un suave canto o a un susurro?

Tal vez sea porque es lo que nos mueve de nuestro espacio de confort...
El sonido del viento colándose entre las hojas de los árboles, el canto de los pájaros, las olas del mar en la rompiente, la lluvia golpeando los cristales, mi propia respiración… Todos estos sonidos poseen texturas, intensidades, duraciones, una inagotable paleta de matices que están ahí para descubrirlas.

En esta parte del mundo, estamos transitando el otoño, para algunos una estación que invita al descanso y la reflexión, ¿por qué no re-descubrir nota a nota la música que quieres que te acompañe a partir de hoy y por el resto de tu vida? ¿por qué no aprovechar este mes, estos momentos, para comenzar a hacerlo?.
Comienza por respirar profundo y escuchar, silenciosamente, el sonido de la vida ingresando a tus pulmones, escucha los latidos de tu corazón. Si puedes escucharlos, significará que ya estás conciente para escuchar la suave y determinante llamada, que la naturaleza te hace, para ofrecerte calidad y sosiego. Vale la pena ¿No?

domingo, 1 de mayo de 2011

Cuando la lluvia nos sorprende

En el post de ayer, pudimos ver como podemos engañar al ojo humano, como cambiamos la percepción y creemos que aquello que observamos es lo que "realmente" estamos viendo.
Hoy quisiera compartir este video, que en este caso, es un deleite para los oidos. Les sugiero cerrar los ojos y escucharlo atentamente.
En esta Buenos Aires lluviosa, me siento comodamente, disfruto la música y me dejo llevar por los sonidos que de ella surgen. Es posible, que por un momento nos dejemos sorprender, y creamos que aquello que estamos escuchando es "real". ¿Acaso siempre lo que vemos y observamos es lo que realmente esta ocurriendo?
Un abrazo y ¡Feliz Día del Trabajador!

jueves, 8 de julio de 2010

Escuchar lo que conviene

Un indio que vivía en una reserva fue a una ciudad cercana a visitar a un hombre blanco al que le unía una vieja amistad.
Una ciudad grande, llena de coches, de ruidos, de multitud de personas apresuradas, era algo nuevo y desconcertante para el indio.
Iban los dos paseando por la calle cuando, de repente, el indio tiró a su amigo de la manga y le dijo:

—¡Párate un momento! ¿Oyes? ¡Escucho el canto de un grillo!

—¿Qué oyes un grillo? —el hombre blanco aguzó el oído. Después, sacudió la cabeza—. Yo lo único que escucho es el ruido del tráfico. Me parece que estás en un error, amigo, aquí no hay grillos... y, en el caso de que los hubiese, sería imposible escucharlos en medio de este estruendo.

Pero el indio avanzó unos pasos, quedándose parado ante la pared de una casa donde había un arbusto... ¡Allí estaba el grillo! Su amigo afirmó con la cabeza, a la vez que decía:

—Está claro que sólo tú podías oír al grillo. Tú eres indio, y los indios tienen el oído más desarrollado que los blancos.

—No estoy de acuerdo con eso —respondió el indio—. Presta atención, que te voy a demostrar algo.

Metió la mano en el bolsillo, sacó una moneda, y la dejó caer sobre la acera. Al oír su tintineo cuando chocó con el asfalto, todas las personas en varios metros a la redonda se volvieron, mirando a todos lados. El indio recogió la moneda, a la vez que decía:

—Nuestro oído no es mejor que el vuestro. Simplemente, cada uno escucha sólo aquello a lo que le da importancia.

¿Escuchamos a nuestro cuerpo cuando nos da sutiles muestras de que algo no anda bien?, ¿Escuchamos a nuestras emociones cuando algo tienen para decirnos?, ¿Escuchamos a las oportunidades cuando disfrazadas de infortunios se cruzan en nuestro camino?. ¿No será tal vez el momento de comenzar a escuchar no solo aquello que nos conviene?