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martes, 21 de agosto de 2012

Dejar Huella Nro 60 - ¡Gracias!


En este camino recorrido, en estos cinco años de ir dejando huellas, hemos ido transitando junto a ustedes el camino de la vida, un viaje que suaviza y pule las aristas del alma.

Deseosos de compartir en cada nuevo número, nuestra mirada. Aprendiendo mutuamente, en la diversidad de culturas, que nos une en este Gran Juego de la vida. Un juego en el que todos, tarde o temprano ganan. ¿Sus reglas? Los más adelantados, cuando llegan, dan la vuelta y caminan junto a los que empiezan.

De esto se trata dejar huella, de compartir, aprender, despertar a la conciencia, aventurarse más allá de lo conocido y con ganas, muchas ganas de apoyar el proyecto de otras personas, recordando que quien debe dar las gracias no es tanto el que recibe como el que da, a quien el curso de la vida reclama.

En realidad, al compartir hacemos lo mismo que el cuerpo cuando metaboliza el alimento que nos sustenta. El compartir nos mantiene vivos biológica y espiritualmente. El compartir nuestro fuego interno, ilumina y aviva el fuego de otras almas.

Sentimos que el rastro dejado a lo largo de estos cinco años ha sido un regalo para nosotros y aquellos que nos acompañan. Un regalo por el cual quiero darles las gracias. Gracias por cada aporte, por estar, por cada mensaje oportuno, gracias a esos seres despiertos y a los grandes de corazón, por dejar ejemplos de sus vidas, como mapas de camino que nos regresa seguros, de nuevo a casa.

En esta oportunidad les queremos decir ¡Gracias!

sábado, 14 de mayo de 2011

Simplemente ¡Gracias!

Desde muy chicos, cuando recibíamos un regalo, cuando alguien compartía algo con nosotros o bien cuando nos hacían un favor, si había algún mayor presente, no faltaba el que nos dijeran: “¿Qué se dice?” y la palabra a responder era siempre “Gracias”.
Aún siguen siendo muchas las veces, que durante nuestro diario vivir, decimos la palabra “Gracias”, a veces son tantas que llegamos a pronunciarla como una mera frase convencional y educada, sin darle la real importancia que eso conlleva.
Cuando decimos gracias, no solo estamos siendo educados y cumpliendo con ciertas reglas sociales, sino que estamos ante la maravillosa posibilidad de manifestar que algo nos ha gratificado en nuestra vida, algo ha tocado nuestro ser y ha disuelto necesidades insatisfechas.
Cuando decimos gracias, algo muy íntimo se ofrece y confía, algo muy grande que late dentro nuestro se abre a la experiencia de la vida.
Cada noche, antes de despedir a la conciencia, ¿qué mejor que dar las gracias por tal regalo?
Al fin y al cabo, al llegar la mañana, tal facultad activa el “darse cuenta”. Y ello es tanto como hablar de la llegada de la propia existencia.

En cada momento del día, cuando enfrentemos el error y el consiguiente aprendizaje, ¡Gracias!
En cada lagrima derramada y en cada beso, ¡Gracias!
En cada silencio compartido y con cada mirada, ¡Gracias!
Por haberte conocido una tarde, sentido cerca y amado, ¡Gracias!
En cada amigo reencontrado y la conversación compartida, ¡Gracias!
En cada tropiezo y en cada satisfacción, o simplemente al descubrir en la mirada a un otro complacido, ¡Gracias!
Ante el temor al fracaso, ante la incertidumbre futura, al constante renacer, ¡Gracias!
Al descubrir un día al amor, por siempre esperado, ¡Gracias!
Si alguna vez sentimos que llega a nuestra vida la suerte inesperada y más tarde, deseamos compartir nuestra alegría con el cielo y con la tierra, ¡Gracias!
Si percibimos que al enfrentar cada nuevo dia, en nuestro corazon arde la llama, entornemos los ojos, respiremos profundo, y al exhalar el aire, digamos a la Vida, ¡Gracias!