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miércoles, 17 de agosto de 2011

Empujar la Vaca

Esta historia se la dedico a un Gran Amigo, alguien que al igual que muchos, está transitando la incertidumbre de tomar una decisión.

Es mi deseo que disfruten de este relato...

Un maestro samurai paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.
Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar, constató la pobreza del sitio: los habitantes, una pareja y tres hijos, vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado; la casa, poco más que un cobertizo de madera...


Se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: “En este lugar donde no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen para sobrevivir?

El señor respondió: “amigo mío, nosotros tenemos una vaca que da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso y otros derivados para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.”


El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, se despidió y se fue.
A mitad de camino, se volvió hacia su discípulo y le ordenó: “Busca la vaca, llévala al precipicio que hay allá enfrente y empújala por el barranco.”


El joven, espantado, miró al maestro y le respondió que la vaca era el único medio de subsistencia de aquella familia.
El maestro permaneció en silencio y el discípulo cabizbajo fue a cumplir la orden.

Empujó la vaca por el precipicio y la vio morir.

Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante muchos años.
Un bello día, el joven agobiado por la culpa decidió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar. Quería confesar a la familia lo que había sucedido, pedirles perdón y ayudarlos.

Así lo hizo. A medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, árboles floridos, una bonita casa con un coche en la puerta y algunos niños jugando en el jardín.
El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir.
Aceleró el paso y fue recibido por un hombre muy simpático.

El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años.
El señor le respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el joven entró desconcertado a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacia algunos años con el maestro.


Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaca): “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?”
El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaca que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que puedes ver ahora.”



“Cada uno de nosotros tenemos alguna vaca que nos proporciona elementos básicos para nuestra supervivencia, pero que nos lleva a la rutina y nos hace dependientes de ella. Nuestro mundo se reduce a lo que la vaca nos brinda.”

Si sabes cual es tu vaca, no dudes en tirarla por el precipicio. Llegó el momento de pasar a la acción y salir de la rutina cuanto antes.

martes, 10 de mayo de 2011

Diseña tu Futuro

A medida que cada uno de nosotros tomamos conciencia de todos los procesos que nuestra mente expresa durante el día, estamos en condiciones de evitar la “reacción” automática y ejercer la “acción” voluntaria y conciente.

La diferencia entre “reaccionar” o “accionar” está en que, mientras reaccionar depende de un agente exterior que provoca una respuesta emocional muchas veces inevitable y ajena, el accionar, por el contrario, actúa desde la independencia y la conciencia, desarrollándose en coherencia con los valores de nuestra vida.

A medida que el ser humano incrementa su nivel de conciencia, desarrolla la capacidad de imaginar su vida y, en consecuencia, reinventarse a sí mismo. Si en este mismo momento, alguien le preguntara que es lo que quiere usted de la vida, tal vez se sorprendería de la cantidad de titubeos y generalizaciones que su mente haría. Es muy posible que nos de miedo concretar lo que queremos de la vida y, tal vez, la causa de esa resistencia este en el hecho de vivir en “la caja” que nuestros hábitos mentales conforman. La mente, al igual que un barco, necesita objetivos y metas para navegar. Si no nos decidimos a diseñar y crear ese guión para nuestra vida, serán las olas, las que guiaran nuestra nave al devenir de vientos y tormentas. Para navegar la vida, es conveniente que pongamos rumbo y dirección.

Imagine como sería un día completo de su vida, una vez pasados cinco años. Imagine todo lo que sea usted capaz de crear con su mente ilimitada. No se deje sabotear por sus creencias limitadoras y ponga su visión bien alta. Construya su sueño minuciosamente y con todos los detalles de que sea capaz, donde vive, como es su casa, con quien vive, que decide hacer al levantarse, que piensa, de que habla, con quien se encuentra, en que trabaja, que es lo que más le importa de la vida, que cualidad ha desarrollado en mayor medida, que información selecciona, como cuida su cuerpo, como se alimenta, que amigos tiene, como es su trabajo y con quién trabaja, que le importa, que aficiones tiene, cuánto dinero gana, cual es su mayor éxito, como se gratifica, a quien ama, como expresa sus sentimientos, a quién beneficia, en que es usted más útil, qué proyectos tiene, cual es su contribución a la sociedad, que desarrollo ha alcanzado en su mente, que grado de consciencia expresa, que pasa en sus sueños mientras duerme...

Un proceso creador que, al igual que un guión cinematográfico, conviene realizar por escrito, liberándose de los sabotajes limitadores que la mente racional tienda a elaborar. Un programa por el cual, permitirse todas las utopías que inteligentemente se puedan conformar en la trama de ese futuro día. Si pasado el tiempo, observa que aquello que diseño como futuro, hoy es una realidad, sentirá que un día, hace unos años, usted hizo Magia.

miércoles, 22 de julio de 2009

¿Quién soy?

Mes de julio, en Argentina días de intenso frio, cuya sensación térmica, en algunos casos no superan los 3 grados centígrados. Aprovechando la calidez de mi hogar, ví una película, “El caso Bourne” (The Bourne identity), basada en la novela de Robert Ludlum, es la historia de un hombre que es hallado herido en el mar y al despertar no recuerda nada de su vida pasada. Sólo un número de cuenta de un banco, lo que le llevará a descubrir su nombre: Jason Bourne. (continua…)

Utilizando como única pista la dirección del banco suizo, Jason Bourne descubrirá poco a poco que es poseedor de habilidades de combate altamente sofisticadas, lo que sumado a su desconcierto hace que se repita una y otra vez…
¿Quién soy?
¿Cuántas veces en nuestra vida nos hemos hecho esta pregunta?
En mi profesión de coach se me presentan muchas oportunidades para preguntarle a las personas ¿Quién eres? obteniendo como respuesta algunas de las siguientes:
Me llamo fulano de Tal
Soy Ingeniero / Médico/ Contador
Soy Colombiano / Venezolano / Uruguayo / Argentino
Siendo que mi pregunta no estaba referida a su nombre, ni a su profesión si siquiera a su nacionalidad.
Solamente pregunte ¿Quién eres?
¿Qué es lo que motiva que nos cueste definirnos?, ¿Por qué nos cuesta hablar de nosotros mismos? Al igual que Jason Bourne, pareciera que hemos perdido la memoria.
Un filósofo dijo “Es difícil ser alguien cuando te olvidas de quien eres”
A medida que podamos ir reconociendo quien queremos ser en esta vida, seguramente podremos ir reconociendo quienes somos realmente y a partir de esa brecha poder diseñar nuestro futuro.
Aprender a diseñar futuro es una de las habilidades fundamentales para ejercer nuestro propio liderazgo. Es la gran diferencia de “Vivir la vida que nos toca” o “Elegir la vida que queremos vivir”.